Torreira Crespo, R; Buajasán Marrawi, J. La "Operación Peter Pan": una siniestra acción de guerra psicológica

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La "Operación Peter Pan": una siniestra acción de guerra psicológica

Ramón Torreira Crespo José Buajasán Marrawi

En el editorial del Miami Herald del 29 de noviembre de 1990 se describió a la Operación Peter Pan como “una de las más estremecedoras historias de cubanos huyendo de su tierra bajo la represión comunista”. Uno de los principales estudios de Hollywood valoró incluso llevar esta historia al cine. Se trató en este caso de la historia oficial que una y otra vez la prensa norteamericana ha narrado exaltando el heroísmo, el humanismo y la compasión de sus ejecutores, pretendiendo presentar así a los Estados Unidos en un santuario para los oprimidos. Pero existe otra parte oscura e intencionalmente oculta hasta ahora de esa historia que debe ser esclarecida y conocida para establecer sus verdaderos propósitos y fines políticos contra la Revolución cubana.

Es la historia de cómo el Gobierno de los Estados Unidos, obsesionado en su lucha contra Cuba durante la guerra fría de los años 60, lo que verdaderamente hizo fue promover y de hecho amparó lo que pareció ser un espontáneo proceso migratorio. La parte oscura de la Operación Peter Pan está llena de intriga y decepción. Consistió en lo que uno de esos propios periodistas definió como la siniestra manipulación por parte de Washington de los grandes temores de los padres cubanos.

A pesar de ello, para los obispos cubanos en la emigración, Mons. Eduardo Boza Masvidal, Mons. Agustín Román y otras autoridades eclesiásticas de la Comunidad Católica Cubana en la Emigración, la Operación Peter Pan fue “un ejemplo notable de los frutos logrados gracias a la voluntad y organización de la sociedad civil dentro de la Isla, y a la solidaridad humana y eclesial fuera (de Cuba) que llevó a cabo un éxodo sin precedentes en este hemisferio... precisando que ello ...se hizo a través de una red de personas en la Isla, de la Iglesia Católica y del Gobierno norteamericano ... y que los niños fueron recibidos en los Estados Unidos por las Caridades Católicas (Catholic Welfare Bureau), bajo el auspicio de Monseñor Bryan O. Walsh

Ramón Grau Alsina, jefe de varias redes de la CIA y uno de los principales organizadores de la Operación en Cuba, valoró en su momento que las razones humanitarias no fueron precisamente la motivación de Washington para lanzar la Operación Peter Pan, a pesar de que la Iglesia estaba involucrada, sino que fueron razones políticas las que impulsaron a Washington. La estrategia incluyó la fabricación y distribución de falsos rumores de que el gobierno de Fidel Castro estaba preparando una ley mediante la cual quitaría los niños a los padres y los pondría bajo la custodia del Estado. Todo consistía en propaganda para golpear a Fidel. La idea era crear el pánico entre los padres cubanos... Se esperaba crear inquietud y rebelión contra él. El clima de confrontación política originado por la agresividad del gobierno norteamericano, las constantes agresiones y amenazas de una guerra directa de consecuencias imprevisibles para la población civil, junto a las insidiosas campañas promovidas por la CIA y propaladas internamente por organizaciones contrarrevolucionarias que actuaban a su servicio, preocupó a muchos padres quienes vieron en una temporal salida de sus hijos una alternativa segura para preservar tanto su autoridad como la integridad física de los mismos.

Esta situación sirvió de factor condicionante y facilitante para que el gobierno norteamericano, a través de la CIA, iniciara una de las acciones de guerra sicológica más cruel y tenebrosa que en el contexto de la guerra fría contra la Revolución sembró el terror y el pánico en determinados sectores de la sociedad cubana: la campaña sobre la pérdida de la patria potestad. Estos elementos resultan de vital importancia para lograr una mayor comprensión del problema abordado. La campaña sobre la patria potestad surgió en el otoño de 1960 en el contexto de la creación, en Miami, del Programa para Niños Refugiados Cubanos sin acompañantes como proyecto inicial, mientras que la Operación Peter Pan surgiría poco después con un mayor nivel de especialización en las formas y métodos a desarrollar.

A diferencia de operaciones anteriores similares, como la de los 20 mil niños vascos, en 1937, a causa de la guerra civil española o la salida de 30 mil niños judíos de Alemania entre 1938-1939, la Operación Peter Pan se produjo sin justificación política, ética y moral alguna, de forma cautelosa, con métodos clandestinos, en vuelos comerciales y a plena luz del día.

Mientras que para el ya citado editorialista cubano-americano la campaña que originó el éxodo de más de 14 mil niños cubanos, tuvo particular significación en padres que en su mayoría eran de la clase media y católicos, para uno de sus principales promotores, Mons. Bryan O. Walsh, la Operación Peter Pan fue aquella que se diseñó para que los niños estuvieran por breve tiempo en los Estados Unidos, regresando a Cuba después de triunfar una invasión como la de Bahía de Cochinos. Mediante dicha Operación se estimuló y facilitó en determinados sectores sociales a los padres para que sus hijos pudieran emigrar hacia ese país y evadir con ello la supuesta pérdida de su autoridad filial.

Primera etapa. Habana-Miami

El proyecto inicial de la Operación Peter Pan fue elaborado por el sacerdote católico de Miami y director ejecutivo de Catholic Welfare Bureau, Bryan O. Walsh y por el entonces director de la Ruston Academy en La Habana, el norteamericano James Baker. Consistió en la obtención de visas norteamericanas (I-20) para estudiantes, por lo que resultaba necesario encontrar un centro educacional, en Estados Unidos, que certificara la admisión de los jóvenes cubanos.

La solución fue proporcionada, en diciembre de 1960, por Agnes Ewald a través del “Coral Gables High School” en Miami, a quien se le remitían los nombres desde La Habana, ella enviaba los documentos de matrícula y con los mismos se resolvía de inmediato la salida de los muchachos en Cuba.

Para acometer esta etapa de la Operación fue creada una amplia red de colaboradores que estuvo integrada inicialmente, en Miami, por Mrs. Norma Lemberg, quien había residido en La Habana y era la encargada de resolver las visas I-20 que le facilitaba Mrs. Agnes Ewald del Coral Gables High School y un grupo de apoyo procedente de familias cubanas y norteamericanas que, dirigidas por un profesor de la Ruston Academy, era el encargado de recibir a los niños en el aeropuerto y trasladarlos hacia los campamentos habilitados en La Florida para ellos.

En Cuba, para tramitar el visado y el procesamiento de los pasaportes y demás trámites legales en La Habana, James Baker organizó un equipo encargado de ese proceso integrado por profesores de la Ruston Academy y algunas otras personas. El referido comité estuvo integrado durante esa fase inicial por Serafina Lastra Camps, el Dr. Sergio Giquel Echevarría, Berta de la Portilla, Frank “Pancho” Finlay y la ciudadana inglesa Phyllis Harrison Powers (Penny Powers), con independencia del grupo católico, compuesto por la gente de la Iglesia Católica, algunos de cuyos líderes estaban involucrados en la Operación.”.

Penny Powers fue precisamente una de las figuras más comprometidas con la Operación Peter Pan, al jugar un rol protagónico en su organización y por sus amplios contactos con los círculos norteamericanos en Cuba y el clandestinaje en la Isla. Contaba además con una amplía experiencia por su destacada participación en una operación de la inteligencia británica mediante la cual contribuyó personalmente a sacar de la Europa ocupada por los nazis hacia Inglaterra a cerca de 9 a 10 mil niños judíos que nunca volvieron a ver a sus padres.

Los primeros cinco niños que viajaron por la Operación Peter Pan llegaron a Miami a las 4:30 P.M., del 26 de diciembre de 1960, a bordo del vuelo 422 de la Pan American World Airwais. Uno de estos niños, Sixto Aquino Correoso, quien viajó acompañado de su hermana Vivian, relató años después que Penny Powers quien había sido su maestra, “contactó con mis padres en Cuba con relación a nuestra salida del país, ya que ella sabía que mi hermana y yo no ocultábamos nuestra oposición al gobierno.

Entre el 26 y el 31 de diciembre de 1960 arribaron directamente a Miami los primeros 25 niños de la primera etapa de la Operación Pedro Pan. Para apoyar el proyecto acordado con Mons. Walsh, la Administración Republicana de la Casa Blanca, en un último gesto antes de finalizar su mandato, entregaba el 31 de diciembre de 1960 por decisión del propio presidente Dwight D. Eisenhower, la cantidad de 100 mil dólares de ayuda para que 900 estudiantes cubanos pudieran realizar estudios superiores en diversas universidades de Estados Unidos.

El rompimiento unilateral de las relaciones diplomáticas con Cuba por parte del gobierno norteamericano, el 3 de enero de 1961, resultó algo inesperado para los promotores de la Operación comenzada apenas una semana antes, pues como consecuencia de ello alrededor de unos 100 pasaportes con solicitudes de visas para niños, del grupo inicial de 200 que se tramitaban en La Habana, quedaron pendientes de procesar, razón por la cual el padre Walsh se puso en contacto con el Consejero de la Embajada Estadounidense en Cuba, quien le informó que los casos a los que ya se les había otorgado la visa, podían viajar y ser protegidos, pero que esos eran los últimos. El 5 de enero de 1961 James Baker arribó a Miami e informó a Walsh que no había sido posible sacar más niños de Cuba debido a la lentitud en los trámites y las comunicaciones con Washington desde La Habana. Explicó como mientras el poco personal que quedaba en la embajada se ocupaba de incinerar la documentación de esa sede diplomática, él tuvo que encargarse personalmente, en dicha embajada, de habilitar los pasaportes de los únicos 25 casos que definitivamente pudieron viajar entre el 26 y el 31 de diciembre de 1960.

Cerradas todas las posibilidades consulares en La Habana, a las dos de la tarde del invernal domingo 8 de enero de 1961 se produciría, en las oficinas de Mr. Robert F. Hale, director de la Oficina de Visas del Departamento de Estado, una reunión en la que participaron el padre Bryan O. Walsh, en su condición de Director Ejecutivo de Catholic Welfare Bureau, Inc. y Frank Auerbach, jefe de la Sección de Visas del Departamento de Estado.

En esa conversación, que duró tres horas, los funcionarios norteamericanos le plantearon a Walsh que podían trabajar con él en un plan para sacar a los niños cubanos a los que se concederían visas “waiver”, otorgándole a dicho sacerdote toda la autoridad necesaria para que él directamente pudiera emitir dicho documento, con el cual las aerolíneas o agencias de viaje en Cuba quedaban facultadas para transportar a los niños cubanos hacia Estados Unidos, aún cuando no tuvieran una visa oficial.

En concreto lo que Frank Auerbach propuso en esa ocasión no fue más que aceptar la proposición del Catholic Welfare Bureau de que el Departamento de Estado pudiera otorgar visas “waiver” para niños que viajaran directamente de Cuba, lo que permitiría a las aerolíneas transportarlos en vuelos directos Habana-Miami sin riesgos a ser multados, como estaba establecido, con multas de mil dólares en cada caso que la persona arribara a ese país sin visas válidas.


Segunda etapa. Habana-Kingston-Miami

Una segunda variante alternativa, propuesta por Walsh, fue la creación de una vía Habana-Kingston-Miami contando con la colaboración de las autoridades británicas y de la Iglesia Católica de Jamaica.

Se buscaron así posibles soluciones para que continuara desarrollándose la Operación Peter Pan a partir del acuerdo tomado entre los participantes, mediante el cual mientras el Departamento de Estado analizó, el lunes 9 de enero, con el Departamento de Justicia, la propuesta de las visas “waiver” desde La Habana y con la embajada británica las visas de tránsito por Jamaica, Walsh gestionó con la Iglesia Católica de Jamaica la posibilidad de obtener su ayuda para agrupar los niños en Kingston mientras se les tramitaba la visa en el consulado norteamericano en ese país, lo que debería demorar sólo una noche, y enviarlos a Miami al siguiente día.

En horas de la tarde del propio lunes 9 de enero, el Departamento de Estado le comunicó a Walsh que ambas proposiciones, las de Jamaica y las visas “waiver” desde Cuba, estaban aprobadas, por lo que a partir de ese momento estaba autorizado a continuar sacando niños de Cuba, bien por la vía de Jamaica con visas británicas otorgadas en La Habana y de Kingston trasladarlos para Miami con visas “waiver”. o trasladarlos directamente Habana-Miami con visas “waiver” que el gobierno norteamericano autorizaría emitir directamente al Catholic Welfare Bureau.

El propio Walsh reconoció que tal decisión constituyó una gran concesión del gobierno de su país, pues al confiar en ellos la entrega de las visas, les resultó mucho más fácil el desarrollo de su programa de distribución en Cuba. A partir de ese momento, por primera vez en su historia, el gobierno de los Estados Unidos concedió a Walsh carta blanca para sacar de Cuba niños comprendidos entre las edades de 6 a 16 años, mientras que para los casos entre 16 y 18 años se estableció la obligatoriedad de remitir previamente a Washington los nombres y fechas de nacimiento para su aprobación por razones de seguridad.

Para el escritor norteamericano Joan Didion, la decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos, de otorgarle al padre Bryan Walsh plena autoridad para conceder visas “waiver” a cualquier niño cubano comprendido entre 6 y 16 años de edad interesado en viajar a Norteamérica, bajo el abrigo de la diócesis católica de Miami, fue un acto sin precedentes y violatorio de lo establecido en la legislación de ese país.

El martes 10 de enero de 1961 Walsh y la supervisora para el cuidado de los niños del Catholic Welfare Bureau, Miss. Rachel Erwin, abordaban en Miami el vuelo de las 08:30 A.M. de la aerolínea “BWIA” para Jamaica, siendo recibidos en el aeropuerto de Kingston por el canciller de esa diócesis el padre Connolly, trasladándose todos de inmediato al obispado de esa ciudad, donde informaron detalladamente al obispo los propósitos de su misión y conocieron que ya el padre Connolly había hecho contacto con los directores de los colegios “St. George College” para varones y el “Immaculate Cenception College”, para hembras, donde la directora de este último era la Madre Lucy, quien anteriormente había desarrollado igual función en el “Corpus Christi School” en Miami, y era a su vez hermana de la Madre Patrina, quien había estado con Walsh en “Homestead” por varios años.

En horas del mediodía se reunieron con el obispo de Kingston, Mons. McEleney, de quien obtuvieron toda la cooperación necesaria para el desarrollo de la Operación y al siguiente día, acompañados del padre Connolly, sostuvieron sendas reuniones con el cónsul general norteamericano y con los Directores de las aerolíneas norteamericana Pan American World Airwais y la holandesa K.L.M. Royal Dutch Airlines, en Jamaica. El cónsul general, quien antes había sido alertado por el Departamento de Estado, ya había hablado con los funcionarios jamaicanos y asegurado su total cooperación. Al mediodía ya todo estaba hecho y la tarde la dedicaron a pasear por la ciudad.

En esta nueva etapa de la Operación, el equipo que actuaba en La Habana obtenía las visas británicas para los niños a través de la embajada inglesa en Cuba y al arribo a Jamaica los mismos recibían la visa norteamericana para continuar hacia Estados Unidos. Penny Powers fue el principal contacto con la embajada británica en La Habana, llegando incluso a recibir autorización de su gobierno para otorgar visas británicas para viajar a Jamaica. El rol de Penny Powers y del gobierno británico en esta etapa fue significativo, ya que los ingleses no sólo permitieron el uso de sus visas y facilitaron el uso de su embajada para ser usada en actividades clandestinas, sino que además los operativos de la Operación Peter Pan utilizaron a sus diplomáticos en La Habana en los continuos viajes que estos hacían entre Cuba y Estados Unidos, para que introdujeran los “money orders” enviados por Walsh a los que internamente en la Isla estaban involucrados en sacar a los niños cubanos.

En opinión de James Baker, la embajada británica apoyó esta iniciativa utilizando su colonia en Jamaica y, aunque esta forma de proceder era entonces considerada como una acción legal, a pesar de ello se mantuvo en todo momento en el más absoluto secreto pues se pensaba que si el gobierno cubano descubría de que se trataba, cerraría la salida de los muchachos.

El sábado 14 de enero Walsh decidió que Rachel Erwin regresara a Miami, quedando a partir de ese momento el padre Connolly al frente del programa en Jamaica, ya que según las informaciones que tenían de la aerolínea K.L.M. era que los primeros niños no viajarían por esa vía hasta el martes 17 de enero. En efecto, en horas de la tarde de ese día arribaron a Jamaica los primeros siete niños que inauguraban esa nueva ruta, los que continuarían viaje hacia Miami la tarde del día siguiente.

A partir de la dispersa información existente y de los testimonios de algunos actores principales de la Operación Peter Pan, junto a una minuciosa revisión de la lista de pasajeros del vuelo 978 de la aerolínea holandesa K.L.M., que cubrió el itinerario regular Habana-Jamaica el martes 17 de enero de 1961, fue posible establecer que los primeros siete niños sacados de Cuba por esa vía fueron los hermanos René Montero Santana (15 años), Asunción Montero Santana (10 años) y Raúl Montero Santana (12 años), junto a Olga Nodarse Serra (16 años), Charles McEvan Roberto (15 años), Ana M. Hernández Basas (12 años) y Cecilia Maristany Ramos (7 años).

El viernes 13 de enero de 1961 ya habían arribado a Miami 50 niños cubanos alojados en el Cuban Boys Home, en Villa San José y en la Casa No.1 de Kendall, la mayoría de ellos varones adolescentes. Sobre esta segunda fase de la Operación Peter Pan, Mongo Grau señalaría que, antes de la invasión de Bahía de Cochinos, un grupo de niños había viajado a los Estados Unidos mediante unas 50 visas “waiver” que, a modo experimental había enviado el padre Walsh firmadas por él y que en su opinión prendieron el fuego en Cuba.

Como apoyo oficial y financiero a la Operación, el 3 de febrero de 1961 el Presidente John F. Kennedy aprobó la entrega de cuatro millones de dólares para enfrentar la situación surgida en la Florida con los emigrantes cubanos, parte de la cual se destinó, de manera especial, a las agencias que se encargaban de atender, como señalara el propio Presidente, “al más problemático caso, el de los indefensos y desprotegidos niños cubanos” que, sin acompañantes, arribaban a los Estados Unidos víctimas del engaño que, en muchos casos, sufrieron sus padres en Cuba.

Quien entonces fungiera como jefa del “Children´s Bureau” en Miami, Katherine Bronwell Oettinger, refiréndose a los objetivos del Programa señaló que nadie podía predecir el final del mismo, el cual continuaría durante todo el tiempo que fuera necesario, resaltando incluso que su impacto se sentiría mucho después de su terminación, razón por la cual llegó a valorar que dicho Programa constituía una buena inversión para los intereses de sus patrocinadores.

Fue así como, contando con el reconocimiento oficial, el apoyo de la Iglesia Católica Norteamericana y resuelto por el gobierno norteamericano el financiamiento de la operación, quedaba expedito el camino para sacar masivamente niños de Cuba.


Tercera etapa. La visas “waiver”.

La Operación Pluto se encontraba ya en su fase preparatoria de invasión militar y las acciones de guerra psicológica contra la Revolución cubana se incrementaban cada vez más y como parte de ella la campaña de la patria potestad se hacía más intensa y era necesario sacar del país la mayor cantidad de menores cuyos familiares estaban comprometidos con los planes estratégicos del Gobierno norteamericano.

La responsabilidad de organizar y ejecutar a escala mayor la Operación Peter Pan en Cuba fue asignada entonces a una trabajadora social de origen inglés, radicada en La Habana desde hacia años, la ya mencionada Penny Powers y a uno de los agentes principales de la CIA en el país, Ramón Grau Alsina quien previamente había contactado con “el Departamento de Estado en Washington. D.C. detallándoles lo terrible de la situación en Cuba, y como esta situación era una imagen igual a la de los niños enviados a Rusia desde España durante la guerra civil, solicitando sugerencias de como se podía ayudar a estas personas, pero antes de recibir respuesta, sucedió la invasión de Bahía de Cochinos y la atención se fijó en la invasión”.

Según confesó el propio Mongo Grau, se dirigió al Departamento de Estado y a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), utilizando para ello su red de espionaje con el fin de que alguien se hiciera cargo de los muchachos que sus padres mandaban solos a los Estados Unidos. Esa gestión la hizo a través de la embajada inglesa, utilizando el servicio de inteligencia directo mediante comunicación radial.

Como ya el Catholic Welfare Bureau (CWB) estaba inmerso en la Operación Peter Pan y en la evacuación de los niños cubanos, Grau Alsina asegura que el Departamento de Estado se comunicó con ellos a través de miembros de la Iglesia Católica en Miami y La Habana para pedirle que el CWB se pusiera en contacto con él y elaboraran de conjunto la evacuación clandestina de los niños hacia Miami, razón por la cual los dos obispos de Miami y el padre Bryan Walsh también, lo escogieron a él para ocuparse de esos muchachos, valorando además el hecho de haber estudiado con su hermana Pola (Leopoldina Grau Alsina) en Saint Patrick School, lo que le permitió conocer a los entonces cardenales Francis Spellman (EE.UU.) y Manuel Arteaga Betancourt (Cuba) y a muchos prominentes miembros del clero, así como por el dominio que por sus contactos con diferentes partidos políticos tenía de la situación cubana. Por tal razón, cuando fracasada la invasión de Bahía de Cochinos, Penny Powers le entregó la carta mediante la cual lo nombraban responsable del Catholic Welfare Bureau en Cuba y por tanto responsable de la Operación Peter Pan en el país, él ya llevaba semanas diseñando su propio programa para sacar niños de Cuba por lo que, tan pronto terminó de leer dicha carta, ya tenía muy claro en su mente que era lo que debía hacer. “Yo tenía mi red de espías en marcha, antes de que pasaran unas horas de haber leído la carta con el visto bueno, me encontraba reclutando personas para trabajar conmigo en esta tarea monumental”. Mientras leía la carta, todas las piezas del rompecabezas encontraban lugar en su plan de sacar a los niños de Cuba por avión. Para ello, “no sólo tenía el visto bueno de los norteamericanos, incluido el Departamento de Estado y la CIA, tenía igualmente el visto bueno del Cardenal cubano, los obispos y sacerdotes norteamericanos, igualmente el soporte de las embajadas de todos los países no comunistas. La carta indicaba que alguien se pondría en contacto conmigo para empezar la operación. Con mi convencimiento y este pedazo de papel, me puse en marcha para salvar el mayor número de niños posible”.

Como en los planes iniciales de Mongo Grau se contemplaba la necesidad de crear un equipo que se dedicara a la falsificación de documentos migratorios, este se dirigió al también agente de la CIA Israel “Borico” Padilla Frades, “quien tenía una pequeña organización de falsificación que no le marchaba bien debido a su falta de organización. Nosotros necesitábamos a alguien que ayudara haciendo los visados especiales (visas waivers) y acepté complacido que fuera él, ya que era un artista fantástico y su trabajo estaba por encima de cualquier reproche. Al ponerse en marcha la Operación, Padilla fue el primero en estampar los visados falsos en los pasaportes de la Operación Pedro Pan, con ello se honraba y reconocía la calidad de su trabajo”.

A esta red de falsificadores, bajo la dirección de Israel Padilla Frades, pertenecieron los también agentes de la CIA, Albertina O`Farril de la Campa, Manuel de Jesús Companioni Sousa, Alicia Thomas Chinique y Leopoldna Grau Alsina. Estos falsificaron los visados tanto en pasaportes cubanos, como británicos, franceses, o de cualquier nacionalidad.

Este equipo de falsificadores, llegó a ser tan diestro en su oficio, que a partir de un momento determinado fueron capaces de descoser y volver a coser los pasaportes cubanos, a los cuales cambiaban las fechas de vigencia, de entradas y salidas e incluso de visas norteamericanas otorgadas con anterioridad al 3 de enero de 1961.

La participación de Polita Grau en la falsificación de pasaportes y visas fue públicamente reconocida en la entrevista que le ofreciera al periodista cubano Luis Báez, señalando al respecto que cambiaban en los pasaportes de personas fallecidas, los nombres, los números y los ponían aptos para viajar. Como no había embajada norteamericana, Polita aseguró que ellos se convirtieron en una especie de consulado clandestino con el acuerdo tácito de las autoridades norteamericanas.

Los expertos falsificadores de la red de Mongo Grau usaron todo tipo de estratagemas para sacar además por la Operación Pedro Pan a espías y terroristas prófugos de la justicia. La persona de más edad sacada del país por esta vía fue René Véliz, a quien con 37 años de edad lograron falsificarle el pasaporte de un joven de 17 años, aprovechando las características físicas de este terrorista implicado en un fallido plan de sabotaje mediante el cual se pretendió volar la refinería de petróleo que había sido nacionalizada a la “Shell Oil”. Todo contacto oficial, como establecía la carta del Catholic Welfare Bureau, llegaba a Mongo Grau por mediación de Penny Powers, a quien aquel señaló como una agente de la inteligencia británica que le servía de enlace con la embajada inglesa en La Habana, con las aerolíneas Pan American y KLM y la Iglesia Católica en Miami.

Dado el papel protagónico que jugaba Penny Powers en la Operación, muy pronto Mongo Grau se percató lo importante que era ella para los servicios ingleses, conociendo que la misma no sólo había intervenido en varias operaciones de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial, sino también que después de la derrota de los nazis fue enviada por los británicos a Alemania para ayudar a reeducar a la juventud de ese país. Al decir de Mongo Grau, era la mujer más anticomunista que hubiera conocido jamás.

Para la recolección y confirmación de los nombres de los niños que sacarían por la Operación, Grau reclutó al sacerdote Raúl Martínez González, párroco de la iglesia de Santa María del Rosario, quien designó a dos de sus feligresas la misión de recorrer todo el país para contactar a otros sacerdotes que serían los encargados de confeccionar las listas con los nombres de niños cuyos padres deseaban enviarlos a Estados Unidos. Con una frecuencia quincenal estas señoras visitaban la casa de los Grau y entregaban los listados con los nombres de niños que necesitaban documentos para poder viajar. Durante el desarrollo de la Operación Peter Pan varias embajadas extranjeras jugaron un papel fundamental en la misma, no sólo poniendo a disposición de las redes de la CIA de Mongo Grau los medios propios de los canales diplomáticos para trasmitir recíprocamente la información de inteligencia que circulaba a través de ellos, sino que incluso muchos de estos diplomáticos recurrieron a Grau para que les resolviera visados especiales para amigos, familiares y empleados de dichas sedes.

Un ejemplo de ello se pudo apreciar en uno de los tantos homenajes que en Miami se le ofreció a Mongo Grau pocos días después de su arribo a esa ciudad el lunes 15 de septiembre de 1986, luego de ser puesto en libertad por las autoridades cubanas, a solicitud de la Iglesia Católica, cuando cumplía una condena de 30 años por sus actividades de espionaje, terrorismo y planes de atentado al Presidente Fidel Castro. En esa ocasión estuvieron presentes Emanuel Carvajal y su esposa Bertha, los que se desempañaron como embajadores de Costa Rica en La Habana en 1961, quienes declararon públicamente haber ayudado a Grau en el trasiego de documentos migratorios norteamericanos, jugando así un pequeño pero crucial papel en la Operación que permitió sacar de Cuba a más de 14 mil niños.

Bertha Carvajal expuso a la prensa que por ser diplomáticos ellos podían trasladar cualquier cosa, pues en Cuba nunca les revisaron sus equipajes. Al respecto Mons. Bryan O. Walsh enfatizó que el status que entonces disfrutaban los embajadores de Costa Rica en La Habana, contribuyó decisivamente al éxito de la Operación.

En una entrevista ofrecida en 1990 a Sergio López-Miró, editorialista del Miami Herald, Grau Alsina alardeó de haber trabajado igualmente, a principios de los años 60, con los servicios secretos franceses, alemanes occidentales, británicos y norteamericanos.

Las aerolíneas norteamericana Pan American World Airwais y la holandesa K.L.M. Royal Dutch Airlines, fueron las únicas autorizadas por el Gobierno de los Estados Unidos para la transportación de los niños que viajaban con las visas “waiver”. En ambas aerolíneas funcionaban sendos centros de inteligencia al servicio de la CIA, cuyos agentes principales eran Antonio Comellas y Francisco “Pancho” Finlay, a su vez presidentes respectivos de esas firmas en La Habana quienes recibieron la orientación de ponerse al servicio de Mongo Grau, en esta Operación.

De esta forma se garantizó la clandestinidad, operatividad y dinámica necesaria de la Operación, teniendo en cuenta que para poder viajar en vuelos comerciales la ley regulaba que cada pasajero tenía que tener un asiento confirmado en el avión. Los empleados de las aerolíneas insertaban falsas reservaciones en las listas de pasajeros que después eran sustituidas con los nombres de los niños que viajarían en cada vuelo. Esta tarea la realizaban fundamentalmente Ulises de la Vega de la KLM y Julio Bravo Rodríguez, agente “Toribio” de la CIA, quien fungía como Jefe del Departamento de Visas Waiver de la Pan American en Cuba, todo bajo la diaria supervisión de la inglesa Penny Powers.

Penny Powers por su parte, además del trabajo realizado en su red, desarrolló una amplia actividad en la distribución de visas “waiver” y de pasaportes, convirtiéndose en el centro de distribución de visas regulares británicas y “waiver” norteamericanas para el resto de las escuelas privadas del país. Con la ayuda del matrimonio y agentes CIA, Berta de la Portilla y Francisco “Pancho” Finlay, llegó a estructurar una amplia red para la distribución de visas “waiver” en las distintas escuelas privadas del país. Una de estas personas fue Esther de la Portilla quien asumió esa actividad en las Dominicas Americanas donde era maestra.

En horas de la tarde del 22 de octubre de 1962 partía por última vez el vuelo No. 422 de la Pan American que cubría el itinerario regular Habana-Miami, con los últimos niños que serían sacados de Cuba por la Operación Pedro Pan.

Según cifras aportadas por autoridades eclesiales de Miami, entre el 26 de diciembre de 1960 en que salió el primer grupo y el 22 de octubre de 1962 que llegó el último a Miami, fueron sacados de Cuba a través de la Operación Peter Pan un total de 14, 048 niños sin acompañantes.

2001

Tomado de:CubacUSA. Centro de Investigaciones Históricas de la seguridad del Estado(CIHSE).


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