El 18 de junio de 1977 secuestraron a Susana Beatriz Pegoraro y su pareja Rubén Santiago Bauer. A Susana, en la estación Constitución de la ciudad de Buenos Aires. A Rubén, en La Plata. Susana estaba embarazada. Dio a luz una niña en la maternidad clandestina de la ESMA. La recién nacida fue entregada a Policarpo Vázquez, en ese entonces en la marina, y a su esposa Ana María Ferrá. La niña, a quien le pusieron el nombre de Evelyn, fue criada como si fuera la hija natural de la pareja. Las Abuelas de Plaza de Mayo descubrieron que era una hija de desaparecidos en manos de apropiadores.
Llevado el caso a juicio, en 1999 Policarpo Vázquez admitió que en 1978, una persona de la que no recordaba su nombre, le había ofrecido adoptar una niña sin pasar por los caminos legales. Posteriormente, en 2006, los fiscales pidieron nueve años y medio de prisión para los apropiadores, pero la defensa argumentó que no podían ser condenados porque la principal prueba era la confesión de los acusados.
Con el apoyo de la Cámara Federal se buscaron pruebas en la casa de los apropiadores, especialmente de la joven, llegando a la convicción de Evelyn era hija de desaparecidos, pero la prueba contundente fue cuando Evelyn se dispuso hacer el examen genético con la comprobación que ella era hija de Susana Beatriz Pagoraro y Rubén Santiago Bauer. Ahora Evelyn, quien siempre defendió a sus apropiadores, enfrenta la verdad de su vida. Hasta este momento las Abuelas recuperaron 89 nietos.
Fuente: Agencia de Noticias Prensa Ecuménica / Comcosur Mujer
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