Caracas, 28 Ago. ABN (Pablo Siris Seade).- Los ex generales argentinos Antonio Bussi y Luciano Menéndez fueron condenados este jueves a cadena perpetua por el delito de secuestro, desaparición y torturas del senador provincial tucumano Guillermo Vargas Aignasse (peronista) en 1976, cuando se iniciaba la dictadura que padeció Argentina hasta 1983.
Los ex represores también fueron sentenciados a penas de inhabilitación absoluta y perpetua.
El ex general Bussi, de 82 años, quien fuera gobernador de facto de la provincia de Tucumán, y luego fuera electo nuevamente para ese cargo entre 1995 y 1999, cumplirá prisión domiciliaria debido a su estado de salud.
En cambio, Menéndez, de 81 años, retornará a la cárcel de Córdoba, donde ya cumple prisión perpetua por otros delitos de lesa humanidad.
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En sus alegatos finales, tanto Bussi como Menéndez reivindicaron las violaciones a los derechos humanos cometidas durante de la dictadura, calificándolas como hechos de “guerra”.
Bussi le dijo a los miembros del tribunal que pese a no reconocerles facultades para juzgarlo “tienen el honor de ser magistrados del lugar que fue cuna de la independencia (de la Argentina) y sepulcro de la subversión marxista-leninista”.
“Junto a soldados combativos, derrotamos en la Sierra Maestra argentina (en referencia a la elevación cubana desde donde Fidel Castro hizo la guerra al dictador Batista) la agresión que perseguía convertir al país en un satélite soviético. Me siento un perseguido político de los derrotados de ayer en un combate justo”, afirmó Bussi.
Menéndez afirmó que desde hace 50 años Argentina “padece las consecuencias de la peor de las guerras, la silenciosa, la revolucionaria, que es global, inexorable y permanente”.
“La Argentina ostenta el dudoso mérito de ser el primer país en la historia que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden y para sus compatriotas. Pero, como lo hizo recientemente un oficial uruguayo, con patético dolor, podemos preguntarnos: ¿para quién ganamos la batalla?”, señaló.
El Tribunal decidió otorgarle a Bussi el beneficio del arresto domiciliario y no hacer lugar a la solicitud de la Fiscalía de aplicarle prisión perpetua en una cárcel común, y por su estado de salud cumplirá condena en su propia residencia.
Los jueces los hallaron culpables de asociación ilícita, violación de domicilio, privación ilegal de la libertad, homicidio y aplicación de tormentos, todos ellos considerados delitos de lesa humanidad penados en la legislación argentina con cadena perpetua.
Fuera del Tribunal, militantes a favor de los derechos humanos y familiares de víctimas de la represión, festejaron la resolución cantando “Cárcel común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida en la República Argentina”.
La desaparición forzada no es asimilada al homicidio porque se considera que durante todo el tiempo de desaparición de las personas se mantiene el delito de forma continuada; por lo tanto, no prescribe jamás y se considera de lesa humanidad.
Un delito de lesa humanidad es aquel que -por su gravedad- no se considera cometido contra una persona o grupo de personas, sino contra toda la humanidad.
Otros militares y policías argentinos se encuentran detenidos por delitos similares de desaparición forzosa de personas, así como por el secuestro de cientos de niños recién nacidos, o de muy pocos meses de edad, hijos de esos mismos desaparecidos.
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto, dijo hoy que “el simbolismo que representa la condena a estos personajes es un alivio y un ejemplo de lucha perseverante por los derechos humanos que está librando la Argentina”.
Carlotto agregó en declaraciones a Télam que los delitos de lesa humanidad cometidos por los represores “no pueden quedar como si nada”.
“Ellos son genocidas confesos que reivindican los horrores que han cometido justificándolos con mentiras. Lamentamos que se les haya facilitado el acceso al poder como si fueran ciudadanos comunes”, manifestó la titular de la organización que desde 1976 se dedica a intentar recuperar a los niños desaparecidos en Argentina.
Las estrategias utilizadas por las dictaduras militares en el sur de América tuvieron algunas diferencias en cuanto al trato a brindar a los “enemigos”.
En Chile, luego de la masacre inicial y los fusilamientos para hacerse del poder, los jueces del régimen pinochetista enviaban a una suerte de exilio interno a los militantes de las organizaciones de izquierda.
El Uruguay fue convertido en una gigantesca cárcel y centro de torturas, en el que la cifra de presos políticos -todos ellos sometidos a torturas- superó las 30 mil personas, en un país que por aquel entonces tenía menos de tres millones de habitantes.
En Paraguay, casi 20.000 personas fueron detenidas y torturadas, y la cifra de desaparecidos es cercana a las 400 personas.
Si bien en el Brasil las leyes de impunidad aprobadas por la propia dictadura no permiten investigar estos delitos, el propio Estado ha admitido unos 400 muertos y casi 160 desaparecidos durante los 21 años de régimen militar.
En Argentina, la estrategia fue de muerte generalizada. Más de 30 mil desaparecidos, muchos de ellos arrojados al Río de la Plata o al océano Atlántico aún vivos. Otros miles en fosas comunes a lo largo y ancho del país austral. Cientos de niños robados a sus padres y entregados a familias vinculadas a los represores.
En todos los casos, un solo objetivo: sembrar el terror y eliminar la disidencia.
Las sociedades de América Latina, una vez culminada la terrible época de las dictaduras militares, luchan por construir el futuro con la necesaria reconciliación y el compromiso de “nunca más”.
Sin embargo, ese objetivo sólo es posible con verdad y justicia. Sólo se podrá andar libremente por las anchas alamedas de las que hablaba Allende, el día en que por ellas no circulen disfrazados de inocentes los violadores de los derechos humanos.
Mario Benedetti, el prolífico poeta uruguayo, en un fragmento de su poema “Torturador y espejo” probablemente nos entregue la más lapidaria sentencia a quienes ejercieron la represión contra todo aquel que pensara distinto: “aunque nadie te mate / sos cadáver / aunque nadie te pudra / estás podrido / dios te ampare / o mejor / dios te reviente”.
Tomado de: ABN 28/08/2008
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