Derrocamiento de Domingo Perón, 16 de septiembre de 1955

En Argentina, sectores políticos (conservadores, radicales, socialistas) junto con la aviación de la Marina y sectores de la Iglesia católica intentaron un golpe de Estado en junio de 1955 y bombardearon la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, con un saldo de más de 300 muertos y centenares de heridos.

El ataque se produjo con más de 20 aviones, cerca del mediodía, sobre la multitud que se encontraba en una manifestación. Los ataques continuaron hasta las 6 de la tarde. El ejército instaló tanques y baterías antiaéreas para proteger al presidente, por lo que a los insurgentes se les ordenó atacar a los miembros del ejército y a los civiles que apoyaban a Perón. Finalmente los atacantes pidieron asilo político en Uruguay.

Luego de los ataques, Perón pidió calma a la población. Pero sus seguidores, en respuesta a los ataques, incendiaron tres iglesias en el centro de la capital, provocando sólo daños materiales. El 19 de septiembre las Fuerzas Armadas, dirigidas por el General Aramburu y el Almirante Isaac Rojas, derrocaron al Presidente Perón mediante lo que llamaron “Revolución Libertadora”, estableciendo un régimen represivo y reaccionario.


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