Bajo el pretexto de que cualquier método es válido en la lucha contra los legítimos poderes revolucionarios, en el caso de Cuba desde 1959 y, en su momento, la Nicaragua sandinista, Estados Unidos utilizó directamente sus estructuras militares y de inteligencia para promover la subversión contrarrevolucionaria y alentar, financiar, proteger y armar a grupos terroristas. Esas acciones se enmarcan en la Guerra Sucia.
También el término ha sido aplicado a la violencia terrorista ejercida por las fuerzas armadas y los grupos paramilitares y parapoliciales durante los regímenes dictatoriales en varios países de América Latina en las décadas de los 70 y 80 del siglo XX, la cual contempló el secuestro, la tortura, el asesinato y la desaparición de decenas de miles de personas y la violación sistemática y masiva de los derechos humanos.
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