José Luis Méndez
Una alternativa para el terrorismo anticubano fue la salida y ejecución de acciones en y desde terceros países, aunque el asiento natural y refugio seguro ha sido el sur de la Florida, dominado por la mafia cubano-americana que impera e influye en casi todas las estructuras de la vida pública norteamericana en esa región. Algunos países de Centroamérica facilitaron su territorio para urdir planes terroristas contra Cuba.
Por otra parte, el lenguaje hostil y cavernario del senador Jesse Helms, tradicional en sus agresiones verbales, logró imponer el engendro Helms-Burton contra nuestro país. Helms ha recibido contribuciones de la FNCA para sus campañas electorales.
El Departamento de Estado ratificó a Cuba como país supuestamente patrocinador del terrorismo; la administración de Clinton expresó preocupación por su supuesta incidencia en el narcotráfico regional con peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos y se proyecta incluirlo entre los países promotores del tráfico de personas.
Cuba ha sido, durante 42 años, víctima de las más diversas acciones terroristas, 1 590 procedentes del exterior; realiza consecuentes esfuerzos para enfrentar el narcotráfico y coopera activamente en la región, incluso, con las instituciones a cargo en Estados Unidos; lucha tenazmente por frenar las salidas ilegales fomentadas desde el sur de la florida con el respaldo federal, que trata de diseminar la imagen internacional de Cuba como un país en fuga e inseguro, y aboga por un entendimiento honorable para normalizar las relaciones entre los dos países.
En 1997, después del 12 de abril y hasta el 4 de septiembre, se producen 10 acciones terroristas dentro del país, bombas colocadas en hoteles de la capital y Varadero, todas dirigidas a atemorizar a nacionales y extranjeros visitantes, con el objetivo de afectar al turismo como fuente de divisas y presentar una deteriorada imagen exterior de Cuba que limitase las inversiones, el desarrollo y la fortaleza de la Revolución. Una característica especial, en todas ellas, fue la utilización de mercenarios procedentes de Centroamérica para ejecutar las acciones, con el auspicio de la FNCA y de terroristas de origen cubano, como Luis Posada Carriles, en la elaboración, financiamiento y asesoría de las acciones.
En la actualidad las organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Estados Unidos continúan sus planes para llevar el terrorismo a Cuba, utilizan, incluso, extranjeros para tales fines y aprovechan la apertura al exterior y las facilidades que el canal migratorio brinda para los viajes de emigrados cubanos y las visitas temporales a Estados Unidos de ciudadanos cubanos. Se realizan, además, más de una decena de llamadas intimidatorias a Embajadas, Consulados y a funcionarios de Cuba en el exterior, orientadas a desestabilizar el normal desarrollo de sus actividades.
Después de septiembre de 1997 con la detención del ejecutor principal de la colocación de las bombas y la denuncia en el exterior de la conspiración se continuaron registrando informaciones de nuevos intentos, pero en el resto del año no estalló otra bomba ni dentro ni en el exterior contra intereses cubanos o de terceros asociados a nuestro país.
Las acciones terroristas realizadas a partir de 1997 contra Cuba han demostrado que las condiciones dentro de los sectores agresivos y terroristas de la emigración cubana en el exterior están creadas para el resurgir del terrorismo.
La utilización de extranjeros entrenados y pagados, indica cómo el enemigo incorpora nuevas técnicas, métodos y medios para sus planes. El carácter terrorista de la FNCA se evidenció cuando un equipo seleccionado, armado, equipado y dirigido por esa organización, bajo el mando del connotado terrorista Luis Posada Carriles, fue enviado a Panamá con el plan de asesinar al presidente de Cuba; fueron detenidos el 17 y 18 de noviembre del 2000 y se les ocupó explosivos de alto poder y todo lo necesario para cometer el hecho en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, que hubiera costado la vida a inocentes y causado innumerables heridos.
La política dual de William Clinton hacia el terrorismo.
A pesar de que esta administración decía llevar a cabo una cruzada antiterrorista que: emitió una ley antiterrorista en 1996; dictó la Resolución Presidencial pdd-62 y pdd-63, en mayo de 1998; ha sido objeto de acciones de ese tipo en Africa y había colocado en Internet una página donde reza: “el presidente Clinton ha hecho de la lucha contra el terrorismo un asunto de seguridad nacional de máxima urgencia, esta estrategia se basa en tres pilares fundamentales, uno de ellos es en el interior dando a los organismos encargados del cumplimiento de las leyes los instrumentos más eficaces de que disponemos para combatir el terrorismo... estos esfuerzos son parte de la estrategia integral del presidente para asegurar que el pueblo de Estados Unidos disfrute de la seguridad y protección que merece y que Estados Unidos entre en el siglo XXI como la fuerza más poderosa en pro de la paz y la prosperidad en la tierra, ha ampliado las facultades y recursos del FBI como líder de la lucha contra el terrorismo en todo el mundo...” ha permitido que actos como estos se fragüen desde su territorio.
Durante 1998 se descubrieron y fueron detenidos, nuevos mercenarios centroamericanos con planes para realizar acciones contra la isla. Se conocieron nuevos planes, más peligros por su contenido y forma: dos terroristas cubanos, de largo historial criminal y abultados expedientes personales en el FBI, Ernestino Cecilio Abreu Horta y Vicente Marcelino Martínez Rodríguez, pertenecientes a la organización terrorista MRR, con sede en la Florida, desembarcaron, bien equipados y armados, con propósitos de alzamiento el 19 de mayo de 1998 por la zona de Minas de Matahambre, Pinar del Río. Estos fueron detenidos y sancionados y liberados posteriormente por razones humanitarias.
En los últimos años se han ideado muchos planes terroristas; pero con una baja ejecución, en lo que ha influido sustancialmente el fallecimiento del cabecilla principal de la FNCA, Jorge Lincoln Mas Canosa, el 23 de noviembre de 1997; la detención de los mercenarios centroamericanos, autores de las acciones terroristas en Cuba durante 1997 y el descubrimiento y arresto en el país de otros involucrados en planes terroristas.
Otro factor fue el desarrollo del juicio de los terroristas detenidos en Puerto Rico, cuando trataban de llegar a Isla Margarita, Venezuela, para realizar un atentado contra el presidente cubano, que mantuvo a la expectativa a la FNCA, en espera del desenlace, que se dilató hasta 1999. En el plano interno se denunció sistemáticamente el carácter terrorista de esta organización, lo cual impacto en la Prensa Norteamericana, que dedicó reportajes a la divulgación de estas acciones y acaparó la atención de figuras influyentes dentro de Estados Unidos, que emitieron su parecer negativo contra tales prácticas.
El accionar terrorista desde Centroamérica estuvo afectado también por la destrucción provocada por los huracanes Georges y Mitch, y la respuesta decidida, inmediata y solidaria de Cuba, que envió decenas de médicos a Honduras, Guatemala y Nicaragua, El Salvador, aunque también con grandes secuelas, se negó a recibir la oferta de asistencia cubana, como resultado de las presiones de Estados Unidos.
No obstante, durante 1998, los terroristas cubanos realizaron acciones e intimidaciones en Estados Unidos, México y Costa Rica. Se empleó una bomba incendiaria y se realizaron dos advertencias de muerte contra una emigrada en México. Lo característico fue el empleo de la amenaza por encima de hechos concretos, aunque el efecto de terror fue logrado. La organización Alpha-66 efectuó la mayoría de esos hechos; se registraron un total de 10 actos en el exterior, siete de ellos acreditadas y tres anónimos.
Ese año, nuevamente, el Departamento de Estado “certificó” a Cuba como país patrocinador del terrorismo, falaz práctica que ha mantenido durante años. Sin embargo, ninguna de las decenas de organizaciones sindicadas en esa evaluación en el mundo es una organización integrada por terroristas de origen cubano con sede en Estados Unidos. Pareciera que estos son aliados en lugar de enemigos de la seguridad nacional de ese país.
El 15 de diciembre de 1998, un juez de inmigración de la Florida adjudicó asilo político a tres aeropiratas cubanos que secuestraron un avión ejerciendo violencia contra los pasajeros y la tripulación, el 16 de agosto de 1996 y cayeron cerca de las costas de ese Estado al agotarse el combustible de la nave. El hecho reunía todas las características reconocidas internacionalmente para ser calificado como un secuestro aéreo de extrema gravedad, sin embargo, en contra de sus propias leyes y alegando razones políticas, los ejecutores recibieron la gratificación de su ingreso ilegal a Estados Unidos.
Contradictoriamente, Estados Unidos, a finales de ese mismo año, expulsó a tres diplomáticos cubanos, de quienes dijo estaban relacionados con un grupo de cubanos acusados en Miami de recopilar información para prevenir y combatir al terrorismo.
En el año 1999 la actividad terrorista dentro de la derecha mafiosa de Miami fue limitada, coincidentemente con la posición agresiva de la administración de William Clinton y del Congreso de Estados Unidos al generalizar y agudizar el bloqueo genocida e incrementar las medidas que impiden derogar total o parcialmente las sanciones económicas contra Cuba.
En ese año solo se registra una amenaza contra una línea aérea cubana en Canadá; los factores presentes durante el año 1998 continúan incidiendo; procesos no resueltos pasan y se mantienen vigentes, como fue la decisión a favor en el juicio en Puerto Rico y el empleo a fondo de la FNCA en el caso del secuestro del niño cubano Elián González.
Desesperadamente la FNCA ha tratado de capitalizar la contrarrevolución cubana en la emigración y desplazar a otras organizaciones, en un intento por recuperar el poder y la imagen que exhibía cuando todavía Jorge Mas Canosa llevaba las riendas.
El caso del niño secuestrado fue evaluado por la FNCA como una oportunidad para lanzarse a la reconquista de la influencia perdida, hacerse sentir en el congreso y convertirse en vocera de la mafia de Miami, pero todo se revertió en su contra. Nada queda hoy de la aparente imagen de organización no lucrativa, están al desnudo su esencia gangsteril y prepotente, han exhibido nacional e internacionalmente su carácter terrorista y su filosofía agresiva y anexionista.
Este error político y la inversión económica que hicieron en su parafernalia propagandística tuvo un impacto estratégico negativo; traslado a sus directivos y fideicomisarios un mensaje de alerta sobre la falta de visión del heredero del Clan Mas Canosa, devenido simple chofer de la parentela lejana del niño, con amplio historial delictivo y amoral, dentro y fuera de Estados Unidos. En la psicología del cubano de hoy, en Cuba o en Estados Unidos, no cabe tratamiento político al secuestro de un niño, en público o en privado, lo repudiaron.
Tomado de: CubacUsa
Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado
Esta página fue modificada por última vez el 27 de febrero, 2008 a las 21:37.
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