Méndez Méndez,J.L..El terrorismo por los caminos del mundo

El terrorismo por los caminos del mundo

José Luis Méndez


En 1968 se produjeron acciones terroristas todos los meses, los de mayor incidencia fueron julio, con 21 y octubre con 13. En Estados Unidos fueron detonadas 69 bombas de un total de 82, once de ellas en Canadá, México y Puerto Rico.

En 1969 se produce una brusca disminución de esas acciones, debido a la detención de Orlando Bosch Ávila, a finales de 1968; se habían ejecutado 16 acciones, de estas, 13 bombas en Estados Unidos y Canadá. La organización Poder Cubano reinicia la realización de acciones en junio de ese año pero con tendencia a producirse un nuevo cambio, sacar al terrorismo de origen cubano fuera del territorio estadounidense.

En 1970 se registran ocho acciones y el reclamo de protagonismo de la organización Alpha-66, acreditándose cinco de los hechos ocurridos. Al año siguiente se experimenta un resurgir de las actividades terroristas. Orlando Bosch aparece con la cobertura de una nueva organización, Gobierno Secreto Cubano (GSC), que se atribuyó cuatro de las siete acciones realizadas.

En 1972 sigue la tendencia ascendente: se ejecutaron 18 actos terroristas, de estos, nueve bombas; se mantuvo el GSC, pero surgió otra organización muy agresiva, el Frente de Liberación Nacional Cubano (FLNC) relacionada con Abdala, de corte moderado con tendencia terrorista y que realizó acciones en los años siguientes contra barcos cubanos en Bahamas, el territorio nacional y los intereses de Cuba en el exterior. En este año algunos cabecillas terroristas se agrupan en la organización Junta Revolucionaria Cubana, que llegó a ser la más activa en la zona de Nueva York y Nueva Jersey, pero que desapareció después como resultado de rivalidades y pugnas internas.

El 4 de abril de 1972 una explosión destruyó la oficina comercial de Cuba en Montreal, Canadá, y mató al diplomático cubano Sergio Pérez Castillo; esta se considera la primera acción que dio inicio a una nueva etapa de la llamada “guerra por los caminos del mundo”, consigna enarbolada por los terroristas del Movimiento Nacionalista Cubano (MNC) para llevar sus acciones contra objetivos cubanos fuera de Estados Unidos.

El contrarrevolucionario emigrado José Miró Cardona expresó el 28 de enero de 1973, durante la cena martiana en Puerto Rico: "En las circunstancias actuales la única alternativa que le queda a los exiliados es el terrorismo".

Otra parte de estos terroristas se agruparon, ese mismo año, en el denominado GSC, el cual se dio a conocer públicamente en noviembre de 1972. Desde su creación hasta mediados de 1973 todas las acciones las ejecutaron dentro del territorio estadounidense.

Gastón Godoy y Loret de Mola, político batistiano en la despedida del duelo por la muerte del tirano Fulgencio Batista, expresó: “la única estrategia que le queda al exilio es poner bombas, atacar dependencias diplomáticas de Cuba en el exterior, matar embajadores.”

El emigrado Carlos Rivero Collado, definió la situación en ese momento: “la reacción terrorista es, en rigor, el producto de un morboso sentimiento de revanchismo criminal, el aumento de la acción terrorista está en razón directa con la disminución de la fe contrarrevolucionaria, el terrorismo es consecuencia de la derrota de la emigración contrarrevolucionaria como causa. Es la típica expresión de la impotencia política.”

Humberto López Jr., uno de los terroristas más destacados expresó: “los norteamericanos nos habían enseñado a usar explosivos, nos habían entrenado militarmente, en navegación y un día decidieron que no hacíamos falta.”

El FLNC estableció bases en los cayos del banco de Cayo Sal y en las Bahamas para hostigar a los barcos que se dirigían hacia Cuba; trabajó estrechamente con Acción Cubana, liderada desde la cárcel por Orlando Bosch Ávila, quien en ese período se especializó en acciones por medio del envío de cartas y paquetes explosivos a representaciones cubanas en el exterior y, en particular, contra las embajadas en Perú, Argentina, Canadá y España, los que causaron heridas a funcionarios y pérdidas materiales de consideración. En Estados Unidos y Puerto Rico recibió el apoyo de la asociación de masones cubanos; hermanos como Bienvenido Cueto fueron claves para recaudar fondos. También fueron hostigados por el FBI cuando se excedieron en sus acciones y comenzaron a afectar los intereses domésticos, tal fue el caso de Rolando Otero Hernández alias El Cóndor, quien atentó contra oficinas oficiales del gobierno federal, detonó, en solo dos días, nueve bombas contra el FBI, la policía local y el aeropuerto de Miami; fue detenido y sentenciado a siete años de prisión.

Por entonces, existían dos corrientes terroristas, una, la más moderada, abogaba por la guerra dirigida solamente contra objetivos cubanos fuera del territorio norteamericano sin afectar a figuras de la emigración, ni propiedades de países que comerciaban con esta y otra, las más radical, incluía limpiar la emigración de informantes del FBI, eliminar a quienes enviaban paquetes a Cuba y a aquellos que se habían opuesto a la acción armada o a la extorsión.

El año 1974 marcó un incremento en acciones terroristas. La CIA reportó la colocación de 95 bombas en el mundo, más del 45% colocadas por organizaciones de origen cubano. Se produce el fin del caso Watergate, que provoca la renuncia del presidente Richard Nixon y asume la presidencia, Gerald Ford. Fue un año complejo en Estados Unidos y los terroristas actuaron con plena impunidad y consentimiento de los servicios especiales locales.

La “guerra por los caminos del mundo” estaba en pleno auge; los agentes federales de Estados Unidos intentaban detener las actividades de media docena de organizaciones terroristas de origen cubano. Se crearon jurados especiales en la Florida para conocer de esas actividades. Los nexos entre la Inteligencia de la Junta Militar, que actuaba en Chile en ese momento, y los terroristas cubanos se estrecharon, algunos fueron contratados como mercenarios al servicio del fascismo chileno para ejecutar acciones en varios países en el marco de la conocida Operación Cóndor, diseñada para eliminar a adversarios políticos y atemorizar a exiliados chilenos en América Latina y Europa.

El terrorismo alcanza gran auge; se producen 51 acciones de esa índole en 14 países del orbe, proliferan nuevas organizaciones que se adjudican su autoría, incluso, una misma acción tiene más de un supuesto protagonista, estilo que se impuso para tratar de evadir la acción de las autoridades.

Se adjudicaron hechos terroristas durante ese año: el Ejército Hispano Anticomunista (EHA); CERO, asociada con la guerra interna entre grupos que produce el asesinato de varios elementos mafiosos y terroristas dentro de la emigración cubana en Miami; el Movimiento 7 de Diciembre (M-7); el Ejército Latinoamericano Anticomunista (ELAC); Cuba-74 y el Ejército Libertador Anticomunista (ELA).

La actividad terrorista se incrementa por el surgimiento y desarrollo, a finales de 1972, de la llamada tendencia “coexistencialista” que promovía el diálogo con las autoridades cubanas, lo que aumenta las contradicciones entre los sectores de extrema derecha y los nuevos grupos en formación. Se producen asesinatos políticos y guerras internas en la emigración cubana, situación que venía desarrollándose desde 1970 al fracasar el “Plan Torriente” esfuerzo malogrado de unificación de la emigración contrarrevolucionaria en Estados Unidos que culminó con el asesinato, el 12 de abril de 1974, de José Elías de la Torriente Ajuria, principal cabecilla de ese plan.

El MNC se encargó de culpar a Torriente como el máximo responsable de la decadencia de la contrarrevolución, el asesino de la fe del exilio, esta frustración generalizada creó las condiciones para que, a mediados del año 1974, se produjera el incremento del terrorismo, creado por la vertiente fascista de la tesis de la “guerra por los caminos del mundo”. Así dio inicio una etapa donde la manifestación principal de la actividad contra Cuba fue la realización de acciones terroristas en el exterior que afectaran a representaciones e intereses de la isla, disminuyendo sensiblemente las acciones directas contra el territorio cubano.

Los hechos continuaron, entre otras causas, como reacción ante la presencia internacionalista cubana en África en las contiendas militares de Angola y Etiopía. Entre 1972 y 1979 se iniciaba el período más intenso y sostenido de acciones contra Cuba.

El testimonio de Charles Zmuda, Sheriff retirado del Condado Dade, en Florida, sobre los terroristas de origen cubano es el siguiente: “esos muchachos eran buenos, realmente buenos, los conocí en nuestra área de bombas en el Noroeste de Dade, teníamos un problema con algunos explosivos que no sabíamos detonar. Ellos nos enseñaron. Realmente conocían su negocio, hay algo cierto, la CIA entrenó bien a su gente. Por supuesto no se identificaron como agentes de la CIA, pero nosotros sabíamos quiénes eran ellos.”

El año 1975 requiere un destaque particular, después de 1968, fue el año de mayor actividad de los terroristas de origen cubano que ejecutaron 61 acciones, de ellas 49 bombas. Surgieron Omega-7, el Alacrán Cubano, el Escorpión Cubano, los Jóvenes de la Estrella y otras organizaciones que crearon el terror en Miami e hicieron regresar el terrorismo a casa.

En Estados Unidos se realizaron 39 de las acciones y el resto en 10 países de Europa, América Latina y el Caribe. En enero de ese año, en Nueva York, tuvieron lugar conversaciones secretas entre representantes de la administración Ford y de Cuba, interrumpidas por la parte norteamericana como respuesta a la ayuda solidaria e internacionalista de Cuba a Angola, demostrándose así que el terrorismo es un instrumento de agresión en la política de las administraciones norteamericanas. Contribuyen a esta agresividad las medidas adoptadas durante la administración de Nixon para frenar al terrorismo dentro de Estados Unidos y su escalada internacional, los acuerdos contra la piratería aérea y marítima firmados, entre La Habana y Washington y las medidas de protección preparadas por Cuba en el exterior, todo lo cual detuvo el incremento de las actividades de este tipo en los años subsiguientes.

En 1976 se conoció de un pacto entre las autoridades de Estados Unidos y los terroristas, que se refleja en la disminución de las acciones en ese año.

Después del derrocamiento del presidente constitucional Salvador Allende, la junta fascista, por medio de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), ofreció un sustancioso soporte logístico y político a los terroristas de origen cubanos radicados en la Florida, quienes a cambio actuaron a su servicio ejecutando acciones en diversos países contra los adversarios de la dictadura chilena. Fueron realizados atentados en Argentina contra el general chileno Carlos Prats; en Italia contra el político demócrata cristiano chileno Bernardo Leighton y en el propio centro de Washington D.C. contra el ex canciller del gobierno de la Unidad Popular de Chile Orlando Letelier.

En junio de este año aparece la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). De 53 acciones registradas, 21 fueron ejecutadas dentro de Estados Unidos y 23 en América Latina, con tipicidades más virulentas y hasta ese momento desconocidas como los atentados personales, intentos de secuestros, desapariciones, la voladura de aviones en pleno vuelo e intentos similares en tierra, técnicas de terror vigentes en esos años de dictaduras militares en el sur de América Latina. Tuvo lugar el atentado contra el embajador cubano en Argentina y la desaparición y muerte de dos funcionarios de la sede diplomática cubana en ese país.

La violencia provocó el aumento de las medidas para intentar frenar al terrorismo de origen cubano en Estados Unidos. Medios en Miami publicaron la orden del entonces Fiscal General, Edward H. Lvi, al Fiscal Federal de Miami, Robert Ruts, de crear una fuerza de tarea especial para vigilar y controlar a las corrientes agresivas dentro de la emigración cubana.

El teniente Thomas Lyons, jefe de seguridad pública del Condado Dade, dijo: “en Miami han estallado más de 50 bombas en los últimos meses sin que se haya producido un solo arresto.”

La aparente preocupación de las autoridades del sur de la Florida por frenar las acciones terroristas ejecutadas por emigrados cubanos produjo la detención de Eddie de Castro, ocupándole armas y explosivos, acusado de estar vinculado al “plan de las 100 bombas en Miami”. Pero fue tan benigno el tratamiento de las autoridades y los intereses creados, opuestos a la represión de estas actividades, que algunos de estos terroristas detenidos y encarcelados fueron liberados después de sanciones breves y nuevamente se incorporaron a sus andanzas, confiados en la tolerancia de las fuerzas del orden.

Tres miembros de Omega-7, capturados cuando intentaban dinamitar un teatro de la ciudad de Nueva York, donde se celebraría un acto de solidaridad con Cuba, fueron procesados y solo cumplieron 16 meses en prisión. Dos meses después se adjudicaron acciones, en la propia ciudad, contra la Misión de Cuba ante la ONU y dos instituciones comerciales y culturales de Estados Unidos.

Cuatro miembros de la Brigada 2506, que preparaban una acción pirata contra instalaciones en las costas cubanas, fueron acusados de varios cargos, en particular de violar la ley de neutralidad de Estados Unidos; tenencia ilegal de armas y conspirar desde territorio norteamericano para agredir a otro país. La publicidad fue lo distintivo de este simulacro judicial. En el juicio el juez actuante, conocedor de la realidad y del tratamiento particular dispensado a los cubanos en la Florida, retó al fiscal a probar que Estados Unidos no estaba en guerra con Cuba, basándose para ello en la Resolución Conjunta del Congreso de ese país de 1961, que autorizaba apoyar a los contrarrevolucionarios que luchaban contra la Revolución cubana; con este argumento fue desestimado el cargo de violar la ley de neutralidad.

La defensa se encargó de demostrar que las armas habían sido suministradas en su momento por la CIA e, incluso, que Armando López Estrada, uno de los terroristas encartados, había estado al servicio de esa agencia hasta noviembre de 1976, por lo que se desestimó el cargo de tenencia ilegal de armas. Estos y otros subterfugios jurídicos permitieron a los implicados quedar en libertad. Hechos de esta naturaleza nos permiten afirmar que las autoridades norteamericanas controlaban más no reprimían al terrorismo, salvo cuando en ocasiones se veían afectados sus intereses.

Los efectos del accionar terrorista en la comunidad cubana, en la población de Miami y en otras ciudades, fueron analizados por el emigrado cubano Carlos Rivero Collado. No todo fue rechazo al terrorismo en la comunidad emigrada, fuerzas de la extrema derecha se pronunciaron. El 7 de noviembre de 1975 el libelo contrarrevolucionario La Verdad, publicó un artículo escrito por el terrorista Miguel Ángel Peraza titulado “Con el terrorismo, la solución son las bombas.” Julius Mattson, jefe del FBI en Miami, expresó sobre los terroristas cubanos: “Es duro poder tener alguna cooperación aquí, creo que nos enfrentamos a las características de un pueblo, que nació y creció acostumbrado a arreglárselas a sí mismos, en caso de problemas al último lugar donde irían sería a la policía. Durante años recibieron tratamiento especial de la CIA, el bajo mundo, la Casa Blanca de Richard Nixon, por lo tanto acudir a la ley era el último lugar donde los terroristas preferían ir.”

El miedo y el terror implantados por los terroristas en la comunidad emigrada crearon las dificultades citadas por Mattson.

2002

Tomado de CubacUSA.

Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (CIHSE).



Esta página fue modificada por última vez el 3 de marzo, 2008 a las 19:48.

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