José Luis Méndez. (...)
Toda esta reacción hizo que en los dos primeros meses de 1976, disminuyera temporalmente la actividad de los grupos contrarrevolucionarios, que esperaban, a distancia, la real aplicación de las medidas por parte de las autoridades de Estados Unidos. Esta aparente represión de los servicios especiales tiene un trasfondo, estos habían convocado a sus servidores y establecido un pacto con los grupos fieles; los aspectos del acuerdo era en esencia: los terroristas que lo acatasen no serían reprimidos, tampoco Estados Unidos promovería la extradición de Orlando Bosch, ni de otros vinculados a estas actividades.
Los contrarrevolucionarios, a cambio, suspenderían las acciones dentro de Estados Unidos, operarían en terceros países, mantendrían sus relaciones con algunos sectores de los servicios especiales de Venezuela entonces dominados por terroristas cubanos quienes, enviados por la CIA, los habían organizado y Chile y además les recomendaron que las establecieran con otros grupos terroristas internacionales.
Este pacto entre los terroristas cubanos con la CIA y el FBI engendró el CORU en la zona sur de la Florida y al llamado Bloque de Organizaciones Revolucionarias Unidas (BORU) en la zona norte New York-New Jersey, ambos formarían la llamada Junta de Liberación, integrada por Rafael González Labrada en la zona norte y Salvador Madruga Otero, en el Sur.
El CORU trató de aunar los esfuerzos de las organizaciones terroristas. Surgió como un instrumento muy virulento de ejecución de este tipo de actividades.
A finales de 1976 estaba prácticamente desarticulada, debido a la detención de muchos de sus cabecillas en Venezuela, México y Estados Unidos, por haber estado involucrados en acciones de terroristas en varios países. Muchas organizaciones, para evadir la acción de las autoridades, utilizaron como ardid cesar sus actividades y disolverse para después aparecer operando en otros estados con otros nombres.
Tiene lugar el intento de secuestro del cónsul cubano en Mérida, México, que ocasionó el asesinato de un técnico de la pesca y además la criminal voladura, en pleno vuelo, del avión de Cubana de Aviación en Barbados, el hecho más repudiado de la época, dirigido por Orlando Bosch Ávila.
Este sabotaje fue el preludio de la etapa final de la “guerra por los caminos del mundo”. La acción fortaleció la imagen de la Revolución, y así lo valoró, desde su posición contrarrevolucionaria, el terrorista Enrique Encinosa. Por su parte, el emigrado Andrés Cuevas expresó: “Yo era de los que cuando oía que habían dinamitado una embajada, me sentía contento, y cuando explotó el avión en Barbados me sentí abochornado de mi causa.”
2001 Tomado de:CubacUSA.
Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado(CIHSE)
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