El 21 de febrero de 1985, ocho campesinos indígenas de la aldea de Xeatzán, municipio de Patzún, en Guatemala, fueron asesinados por los Kaibiles. Los cuerpos de los campesinos fueron perforados con hierros y estacas y así clavados en las paredes de la escuela de la aldea. No se usaron balas, ni cuchillos.
El tiro de gracia para poner fin a la prolongada tortura lo constituyó un hierro clavado en la frente, que los atravesó hasta incrustarse en la pared.
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