El 11 de septiembre de 1973 era general de División y director de Logística del Ejército. Fue uno de los principales directores de la conspiración.
El general Oscar Bonilla fue uno de los dos generales del Ejército que, junto al general Arellano Stark, tuvo una actitud permanentemente golpista. Participó en la planificación y ejecución del golpe como uno de sus cabecillas. Fue el primer Ministro de Interior, la cartera más importante en un gobierno militar, entre septiembre de 1973 y julio de 1974, para pasar a ser Ministro de Defensa, cargo que ocupó hasta su muerte, en marzo de 1975.
Nació el 24 de diciembre de 1918. Falleció el 3 de marzo de 1975, en un extraño accidente de helicóptero. Era casado y tenía tres hijos. Oficial de Infantería. Fue comandante del Regimiento de Infantería Nº 5 "Carampangue", ubicado en Iquique.
En enero de 1966, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), el entonces coronel Oscar Bonilla fue designado edecán militar. Tras ser enviado a España como agregado militar en 1968, fue reemplazado por el coronel Sergio Arellano Stark. Bonilla y Arellano, tras esa experiencia en las esferas del más íntimo entorno de poder presidencial, llegarían años más tarde a liderar el selecto grupo de oficiales que encabezó el golpe militar que derrocó a Allende en septiembre de 1973.
Tras asumir la Comandancia en Jefe, el 23 de agosto de 1973, Pinochet había pedido la renuncia a todos los generales del Ejército. Dos generales, Bonilla y Arellano, quienes tenían los contactos con Frei y con los sectores reaccionarios de la Democracia Cristiana, se negaron.
El día anterior al golpe de Estado, durante la reunión a puertas cerradas que Pinochet tuvo con Bonilla, Brady, Benavides, Arellano y Palacios, en el Ministerio de Defensa, designó a Bonilla como su sucesor. En sus memorias, Pinochet escribe: "Si esta noche, por delación o sospecha, yo fuere asesinado, seguirá en el mando de las tropas el general más antiguo (y mostré al general Bonilla); si éste cae, asumirá la conducción el general que sigue, y así sucesivamente". El 11 de septiembre de 1973, era el séptimo en la jerarquía de su institución, pero como persona de confianza de Pinochet, se debía transformar en el segundo hombre del Ejército.
Desde temprano en la madrugada del 11 de septiembre, se trasladó al Regimiento de Telecomunicaciones, en Peñalolén, en donde funcionaría el Puesto Nº 1. Llegó antes que Pinochet, paseándose intranquilo por el atraso del comandante en jefe.
De su participación en el gobierno militar, el periodista Pablo Azocar señala: "Bonilla, en el primer tiempo, se convirtió en el rostro amable del régimen. The New York Times lo definió como el "líder de los liberales en la Junta Militar", que evidenció su carisma después del golpe, visitando poblaciones y prometiendo entregar información a madres y esposas que tenían un familiar detenido. En junio de 1974, dejaba el Ministerio del Interior para ocupar el de Defensa, que en un gobierno militar tiene escasa importancia, pues todo el poder se ejerce desde la Comandancia en Jefe... La Comisión Rettig es hoy un dedo acusador. Ese mismo día 16 de septiembre, en que Bonilla se reunió con los corresponsales extranjeros, 53 personas fueron ejecutadas fríamente, sin ser llevadas ante ningún tribunal... Sin embargo, había creado anticuerpos. Manuel Contreras, por entonces coronel a cargo del campo de prisioneros de Tejas Verdes, mereció su reprobación."
De hecho, el general Oscar Bonilla había visitado Tejas Verdes, a fines de 1973 y recorrido los subterráneos que estaban bajo un casino. Bonilla habría visto a gente torturada y le habría presentado la situación a Contreras, el cual hasta el día de hoy no reconoce que hubo detenidos torturados en ese lugar.
La suerte definitiva de los generales Bonilla y Lutz se definiría en una reunión del 24 de junio de 1974, en donde plantearon sus disidencias respecto al sentimiento original del "pronunciamiento de las Fuerzas Armadas" y fueron severos críticos de la DINA.
Cinco meses más tarde, muere Lutz en circunstancias poco claras. Poco tiempo después, el 3 de marzo de 1975, Bonilla perecería en un extraño accidente, cuando el helicóptero que lo traía a Santiago, cayó poco después de elevarse. Los dos técnicos enviados por la empresa francesa que le había vendido al Ejército esa partida de helicópteros, para investigar el accidente cayeron en un aparato similar al de Bonilla, incendiándose y pereciendo ambos, antes de finalizar su investigación. Su nombre aparece reiteradamente en el proceso por "Caravana de la Muerte". En octubre de 1973, fue al campamento de prisioneros de Pisagua, en el norte del país, a ratificar las condenas de muerte, dictadas por el Consejo de Guerra que condenó y fusiló a varios detenidos.
No existen informaciones sobre si el general Bonilla participó alguna vez en cursos de formación en las Escuelas de las Américas. Sería el primero de los anteriormente nombrados que no tuvo esa preparación.
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