Trece minutos después se produjo una segunda explosión que ocasionó un número indeterminado de desaparecidos. Un centenar de personas murieron, entre marinos europeos, obreros cubanos y soldados rebeldes. En su entierro, al día siguiente, Fidel lanzó la consigna: “Patria o muerte”. El gobierno de Estados Unidos había presionado a las autoridades belgas a fin de evitar los embarques de armas hacia la isla, y, desde enero de ese año, una fuerza de tarea de la CIA había desatado una guerra subterránea contra la Revolución Cubana.
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