Urruzola, María El Caso Chifflet

Montevideo, 9/12/05 - La izquierda uruguaya en el gobierno viene de cometer el primer error filosófico y estratégico de envergadura en lo que va de su gestión: generar las condiciones para volver inevitable la renuncia a su banca del diputado Guillermo Chifflet, verdadero referente ético y militante para enormes sectores dentro del Frente Amplio.

Es muy probable que la inmensa mayoría de la ciudadanía no conozca directamente a Guillermo Chifflet. Tengo que decir, antes que nada, que yo tengo el privilegio de conocerlo un poco -fue mi primer jefe de redacción al ingresar a Brecha- y tengo la felicidad de respetarlo enormemente -por varias cosas que explicaré- y la pena de creer que es uno de los pocos "caballeros andantes" que quedan en el país, si por esa expresión me aceptan todo lo que de idealista, coherente, humilde y soñador tuvo el Quijote de la Mancha, y sigue teniendo pese a su medio siglo de existencia.

Suponer que la inmensa mayoría de la ciudadanía no conoce personalmente a Guillermo Chifflet significa imaginar que puede dejarse inducir a análisis equivocados o superficiales acerca de su decisión, y que puede no aquilatar la grave alerta que la misma hace sonar para toda la izquierda acerca de un estilo de conducción política que el gobierno, por voz del propio Tabaré Vázquez, ha decidido ejercer respecto a su fuerza política y, en círculos concéntricos, al conjunto del sistema político y a la ciudadanía.

Quien no lo conozca, debe saber que Chifflet es un incansable practicante del diálogo y la discusión como forma de búsqueda del entendimiento; que tiene una infatigable manera de priorizar siempre lo colectivo y una rarísima capacidad para que ese colectivo no raspe la sensibilidad de las individualidades; que es un serio y modesto estudioso del mundo y sus cambios, al punto de tomar apuntes de un programa de radio, buscar en Internet lo que pudo haber sentido al pasar, o revisar de la A a la Z su biblioteca en busca de "aquel" libro o carpeta de apuntes que le permita profundizar "este" tema que hoy tiene que abordar.

Quien diga que Chifflet se opone a la presencia de las tropas de la ONU en Haití por tener las "figuritas viejas", seguramente es un mediocre comodón que no pasaría un examen básico acerca de ese país y su historia política de los últimos 20 años, un practicante del "masomenismo" nacional, esa filosofía que permite no tomarse el trabajo de estudiar o profundizar los temas sobre los que se opina, en aras de un aggionarmiento que tiene más de claudicación ante el pensamiento dominante que de "pienso" propio. Chifflet tiene sí algunas figuritas viejas: las que enseñaban que el periodismo y la política son ante todo un deber ante la sociedad, una tarea a cumplir, y no una prerrogativa personal o una cucarda para lucir en la solapa.

Pero Chifflet no es sólo lo dicho. Es también un hombre que ha hecho de su filosofía política o ideología- una forma de vida, y de la coherencia la vara de medida para sí mismo; es alguien que ha logrado tener cabeza propia en un mundo que glorifica todo lo masivo y acrítico, y eso a fuerza de estudio, trabajo, dedicación; es un hombre que practica la solidaridad en lo cotidiano, que hace de la entrega al prójimo su forma de ser social, que utiliza el humor para reírse de su ingenuo optimismo histórico, esa manera humana de creer en los humanos; es un hombre que eligió siempre estar donde debía y no donde era más fácil o plácido, y que acaba de dar una prueba más, que nadie necesitaba, de que sigue pensando con cabeza propia, actuando con coherencia intransferible y defendiendo sus ideas cueste lo que cueste.

El grave error de la izquierda en el gobierno es desconocer que para muchísimos ciudadanos la renuncia de Guillermo Chifflet a su banca es una señal de alerta, una píldora imposible de tragar, un modo inaceptable de pretender imponer decisiones que no logran el consenso. Si no convencieron a Guillermo Chifflet de que la situación en Haití era otra, entonces deberían haber imaginado que era hora de entablar una discusión colectiva, que abordara sin miedo el complejo tema del papel de las Fuerzas Armadas en un país como el nuestro y de las "misiones de paz y de ayuda humanitaria" en un mundo como el actual.

No siempre el camino de la disciplina partidaria, del mandato imperativo o de la "unidad de acción" es la forma de sembrar para el futuro. Ya se sabe lo que ocurrió con regímenes que no tuvieron la suficiente inteligencia y flexibilidad para encontrar el equilibrio entre lo colectivo y lo individual, ni la sutileza o complejidad conceptual para armonizar la responsabilidad con la convicción, la libertad individual con las obligaciones colectivas. Esos regímenes implotaron por el cúmulo de errores que también, un lejano día que ya nadie recuerda, se anunciaron de la forma que ahora se anuncia este error filosófico y estratégico: una izquierda que se permita prescindir de Guillermo Chifflet (quien debería ser candidato, al contrario, a ocupar la Presidencia vacante del Frente Amplio), ya no es la izquierda que podrá cambiar la vida.

Con suerte podrá ordenar el Estado, gestionar la pobreza y hacer bien los deberes internacionales. Pero para cambiar la vida se necesitan otros valores, otras audacias, otra envergadura conceptual. Eso que Guillermo defiende con su orejana coherencia y su libérrima práctica de la convicción

CREDITOS

María Urruzola

Publicado en Espacio Solidario, Boletín Informativo - AÑO VI - No. 121, 12 de diciembre de 2005


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